Reflexión sobre la creatividad

Actualizado: 17 dic 2021

Lo primero que arriba a mí cabeza al mencionar la palabra arte es a un infante intentando moldear su animal favorito con una plastilina: es ameno imaginar ese curioso y empático infante, que no se pregunta si su modelaje (o bien, su búsqueda de una representación de algo externo, una mimesis) es en realidad una obra maestra que llegará a un museo y logre ser reconocido en el gremio de los cultos y de los artistas. El pequeño individuo, en su inocente ego, busca la simpleza de complacerse a sí mismo llegando a amar su creación y de su propio afecto comparte a sus queridos su producto final.


Recuerdo bien un maestro que, en mis tiempos que estudiaba la carrera de psicología, nos hizo la reflexión de si un bebé es capaz de reconocer el amor o el miedo. Si le das amor y afecto al infante siempre habrá una reacción positiva y aprenderá de ello, adquiriendo dentro de sí esa conducta. Si pones al mismo infante frente a una víbora no reconocerá el miedo ni tampoco intentará enfrentarse para sobrevivir, puesto que sólo conoce el calor, la protección y el amor de sus padres. Si el infante conociera el peligro que tiene frente, reaccionaría para su sobrevivencia.


Interpreto esto como dos polaridades humanas del bien y el mal: la creación artística puede ser una respuesta entre estas dos morales. Si no conocemos lo que tenemos frente, o dentro de nosotros mismos, podemos llegar a un peligro para reaccionar y actuar. La creación puede ser el mismo proceso: un hecho vivido transformado en una obra.


Ante todo, somos humanos.




Humberto Cuauhcoatl Cáceres Santa Cruz

Durango-Guanajuato

27 años

Artista escénico